La Real Academia
Española (RAE) es como el acero inoxidable: nada la altera.
Definición
tras definición, hace gala de un gatopardismo –expresión que por cierto no
existe para la RAE, según su diccionario normativo- que sonrojaría hasta el
mismo Giuseppe di Lampedusa. Por ejemplo, no hace mucho se le ocurrió vestirse
de panhispánica, una pose de apertura bajo la cual intenta volvernos a vender
espejitos de colores como si fueran oro en polvo.
